LA PINTURA EN EL APRENDIZAJE
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LA PINTURA EN EL APRENDIZAJE

LA PINTURA EN EL APRENDIZAJE

En las organizaciones, trabajamos personas que pintamos con diferentes utensilios: brocha y pinceles. Con estas dos visiones o patrones, realizamos la aproximación al aprendizaje y resolvemos las situaciones día a día.

Para las personas de brocha gorda casi todo es obvio, resuelven con rapidez y las soluciones parecen evidentes. Con unos brochazos, en una capa o en dos, ventilan cualquier cuestión, sencilla o compleja. Y si no se les propone una “revelación”, las demás personas les aportan poco. Parece que trabajan en blanco y negro, sin percibir la escala de grises y mucho menos otros colores.

Las personas que utilizan pinceles encuentran detalles (singularidades) en lo que reciben y en lo que perciben. Su interés se centra en aproximarse y comprender, en descubrir matices en lo aparentemente obvio y en integrarlos. La función del pincel se fundamenta en el enriquecimiento, en la contribución (mutua) y en el incremento del valor de la pintura. El pincel “no impone”.

No parece casual que la brocha sea singular y los pinceles sean plural, teniendo en cuenta los resultados potenciales que ofrece cada opción.

Confundimos, en numerosas ocasiones, el saber pintar con la capacidad de utilizar unos pinceles. Debemos elegir y aplicar el pincel más conveniente y oportuno en cada momento.